Treinta años con diálisis y sigue explorando la vida

Un trasplante no salió tal y como yo esperaba, pero aun así se convirtió en un momento decisivo de mi vida. Me llamo Wojciech Rosanowski y he decidido disfrutar al máximo de la vida.

Empecé el tratamiento de la hemodiálisis en 1985. En aquella época en Polonia el método no era tan accesible como hoy en día, y aunque yo estaba grave no era fácil que se me asignase la diálisis, porque había pocas clínicas que la realizasen y un número muy limitado de plazas. Pero al final me incluyeron, por ser joven y por tener un hijo de dos años.

Como es lógico, mi vida cambió por completo, y el tratamiento, que a veces me ocupaba hasta 12 horas al día, hizo que todo lo demás pasase a un segundo plano. Pude contar con mi familia y con los amigos desde el principio, y eso me facilitó muchísimo la vuelta a la vida normal, aunque hubo momentos en los que mi frágil estado de salud afectó a las relaciones familiares.

Al cabo de un año de tratamiento, se me ofreció la oportunidad de recibir un trasplante, que por desgracia no funcionó. Aun así, se convirtió en el momento decisivo de mi vida: decidí conocer mejor la enfermedad y seguir las recomendaciones del médico.

A pesar de las limitaciones, decidí vivir mi vida al completo y volver al trabajo. Gracias a los constantes progresos de la terapia de diálisis y a la apertura de nuevas clínicas de diálisis, mi vida ha mejorado considerablemente.

Ya han pasado 30 años desde que la enfermedad y el tratamiento de diálisis cambiaron mi vida, pero sigo estando motivado para luchar. No dejo de fijarme nuevas metas y sigo teniendo un vivo deseo de disfrutar de la vida al máximo, de llevar una vida activa, sin limitaciones, pero con un equipo de médicos y enfermeros totalmente comprometidos a pelear conmigo, al cien por cien.